"Tropezando se aprende a andar y perdiendo a ganar"

jueves, 11 de junio de 2009

Inicios de la charrería


Los inicios de la charrería se remontan a la época de la conquista. Al desembarcar, los conquistadores españoles traían consigo 16 caballos a quienes los habitantes indígenas confundieron como caballo y jinete en un solo ser. Fueron tomados por monstruos, ya que los indígenas no conocían semejante animal.
Las armaduras, los cañones y los fusiles contribuyeron a la convicción de que Cortés y sus hombres eran seres superiores, declarándose la población indígena en sumisión.

Fue así como los caballos hicieron por primera vez su aparición bélica con 'pretales y cascabeles', mostrando el arte de montar a los aborígenes.

Bernal Díaz del Castillo, conquistador y hombre de campo, entendido en equinos, supo relacionarlos con los nombres de sus dueños.

"Un caballo zaino, una yegua alazana muy buena, de juego y de carrera; una yegua rucia de buena carrera; otra yegua rucia muy poderosa, un caballo castaño oscuro muy bueno y gran corredor: un buen caballo castaño, perfecto castaño, buen corredor; un caballo overo, labrado de las manos y era bien revuelto; un caballo overo, algo sobre morcillo, no bueno para cosa ninguna; un caballo muy bueno de color castaño algo claro y muy buen corredor, es muy buen caballo oscuro, que le decían el Arriero y una yegua castaña que parió en el navío; es decir el primero nacido en tierra mexicana."

Hasta 1619, los caballos estaban prohibidos para los indígenas y los criollos, aún cuando ellos fueran descendientes de reyes.
Conocido es que la legislación europea fue inflexible para castigar a los infractores hasta con la pena de muerte.
Sin embargo, los indios y los mestizos tenían que ocuparse del cuidado de todos los animales y como los caballos estaban en libertad, había que lazarlos, jinetearlos y amansarlos con la reata.
Fue así como Don Antonio de Mendoza, primer virrey de la Nueva España, (1535-1550) se vio obligado a otorgar permisos para que los indios montaran, pues había que defender la tierra y cuidar el ganado.

En 1619 , el virrey Luis de Tovar Godínez otorgó el primer permiso escrito para que 20 indígenas en la Hacienda de San Javier , Pachuca, actual capital de Hidalgo, "pudieran montar libremente caballos con silla, freno y espuelas.

Las necesidades rurales variaron las circunstancias, pues se precisó de la ayuda de los aborígenes para la guerra y los servicios rurales.

Dentro de los precursores de la Charrería en México, se reconoce a Sebastián de Aparicio (1502-1602).

Al mismo tiempo que el caballo, pasaron a la Nueva España las primeras cabesas de ganado vacuno, porcino y lanar. El auge de la ganadería era palpable a mediados del siglo XVI.

Entre las organizaciones creadas para reglamentar la ganadería, encontramos la institución de la mesta, cuyos miembros eran los propietarios de estancias y ganados, es necesario aclarar que, durante esta etapa, la crianza del ganado mayor sólo estaba permitida a los españoles y a los criollos (hijos de españoles nacidos en estas tierras)

"El rodeo, la expresión más mexicana de la mesta, aparece regulada en dos formas: la principal, desde el día de San Juan en junio hasta mediados de noviembre. Cada estancia debería hacer un rodeo semanal de ganado vacuno y caballar para separar las reses mezcladas; la otra forma más limitada, obligaba a cada dueño de estancia de ganado mayor a tener un estanciero español por cada dos mil cabezas, más cuatro negros o indios, dos montados y dos a pie, que harían el mismo rodeo semanal".

Estas ocupaciónes campiranas no eran fáciles de llevarse a cabo, se necesitaba de arrojo y destreza para realizar los herraderos, tuzaderos o el rodeo, que en esa época sólo tenía el objetivo de reunir al ganado y fue así como se extendió el uso de caballos sin distinción de castas, y con estas actividades propias del campo surgieron los antecedentes de la charrería.

Además, la cruza del caballo prosperó con el tiempo por el cuidad de hacendados, rancheros y caporales, lo que permitió que el caballo llegara a ser índice de distinción social".

La forma en que los españoles fueron ocupando la tierra después de la conquista no se ajustó a regulaciones no control efectivos; se trataba de apropiaciones de hecho, algunas veces en zonas que cultivaban y aprovechaban los indígenas. Estos despojos y la acumulación de tierra por la compra o el arrendamiento dio origen a otra unidad de producción: La Hacienda.
En la hacienda aparece una especialización del trabajo organizado a partir de oficios y jerarquías. Algunas de las faenas que el personal de las haciendas realizaba y que en su ocupación dominaron los oficios propios del charro, mismas que son:

"El vaquero era el trabajador más sencillo, rudo y fuerte; usaba sombrero de palma, camisa de nudo, chaqueta de cuero, chaparreras y siempre calzaba espuelas. Su montura era sencilla, llevaba en los tientos el sarape, según la época del año; lo importante e indispensable era la reata, que manejaba con extraordinaria habilidad cuando lazaba, ataba, manganeaba y hacía otras destrezas del oficio".

"El caporal era el responsable de todos los animales: bajo sus órdenes estaban los vaqueros. Tenía conocimientos empíricos de veteinaria y auxiliaba a los vaqueros en las faenas. Tanto unos como otros eran diestros jinetes que amansaban y arrendaban a los caballos".

"El amansador era el que tenia a su cargo los caballos producto de los criaderos con que coentaban algunas haciendas"

"El administrador era la persona de mayores conocimientos y tenía a su cuidado todos los aspectos de la hacienda. Era tan buen agricultor como ganadero y también conocedor de las faenas vaquerizas".

"El hacendado.- Los habia de dos tipos, el que vivía la mayor parte del tiempo en el campo, al cuidado de todo lo relativo a la hacienda, y el otro que vivía en la ciudad y sólo visitaba la finca en cortas temporadas. Los dos tipos eran charros"

De este conglomerado de individuos salieron la mayoria de los contingentes que combatieron en las luchas revolucionarias en busca de la estabilización del país. De esta misma procedencia son los hombres que dieron fama a la charreria y la convirteron de una labor utilitaria en el deporte más mexicano.

Todos los ejercicios charros que se practican en la actualidad tuvieron su origen en el campo, con las tareas de domesticación y crianza de ganado; es decir, se desarrollaron con la ganadería, que requería de la destreza y la valentía del hombre de campo para realizar los trabajos propios del oficio.

Al finalizar la revolución los hacendados y la gente del campo se traslada a las ciudades extrañando las faenas campiranas buscando espacios para practicarlas. de esta forma el 14 de septiembre de 1919, nace en Guadalajara la asociación de charros de Jalisco y el 4 de junio de 1920 la nacional de charros en la capital de la república, convirtiéndose en los semilleros de las asociaciones que poco a poco se crearon en toda la república mexicana. tal ha sido la presencia del charro mexicano como figura tradicional que en 1931 el entonces presidente de la república Ing. Pascual Ortiz Rubio destinó el 14 de septiembre como día del charro en honor de la asociación de charros de Jalisco.

En 1880 la charrería profesional tuvo su origen, fue entonces cuando apareció el famoso "charro Ponciano” cuyas hazañas reconocemos por los corridos y canciones. Su nombre fue Ponciano Díaz, originario de la hacienda de Atenco, en el estado de hidalgo - la primera ganadería que se estableció en América -, dio gran impulso e incremento a la charrería, convirtiéndola en espectáculo de valentía y pericia digna de admirar. Combinaba la charrería con la tauromaquia, siendo así el primero en ejecutar la suerte de banderillas a caballo, inventada por Ignacio Gadea, otro charro mexicano, que perteneció al equipo de don Ponciano Díaz, junto con Agustín y Vicente Oropeza, Celso González, Vicente conde y Manuel González Aragón, pioneros de la charrería actual con quienes partió a España en 1889, a dar una exhibición de charrería y toros al estilo mexicano.


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